domingo, 3 de julio de 2016

Elecciones 26-J (II)

Admiro mucho a Pablo Iglesias. Él fue quién me ganó para Podemos y, para mi, si alguien representa a Podemos, es él. Eso no quiere decir que si no estoy de acuerdo con lo que dice, me vaya a callar. Para mi, su primer análisis de los resultados, achancando al miedo la pérdida de un millón de votos, no hay quien se lo trague. Es un análisis interesado que echa balones fuera y busca culpables ajenos a Podemos y a la coalición con Izquierda Unida, quizás con el objetivo bien intencionado de cerrar broncas. Vale, pero las cosas no son así.

Es posible que el miedo sacáse a la calle a votar a todas las huestes del PP. Es posible que las constantes apelaciones al apocalipsis si gobernaba Podemos, les hiciese a todos olvidar que lo que debe dar auténtico miedo es estar en manos de mafias corruptas que se envuelven en una bandera. Todo eso puede ser cierto. Pero el miedo no hizo que un millón de votantes de Podemos y de IU se quedaran en sus casas. Estoy seguro. Fue otra cosa.

Podemos nació de la indignación, y creció por la enorme ilusión que despertó en millones de españoles. La ilusión que generó por ser, y querer ser, algo nuevo. Podemos como herramienta para la democracia. 

La indignación había nacido contra los partidos que representaban al régimen de la transición. Recordamos que en la calle se gritaba aquello de PSOE y PP, la misma mierda es. Y por lo que se refiere a la ilusión, si va unida a la idea de democracia, no podía ser generada por un partido, IU, que cuando alguna vez hacia el paripé de una primarias, o ganaban los que quería el aparato, o los ganadores eran apartados y terminaban en el ostracismo político (recuerdese el caso de Tania Sanchez cuando ganó las primarias de IU para disputarle la Comunidad de Madrid al PP)

Estoy hablando, logicamente, de la coalición. Estoy hablando de Unidos Podemos. Quiero empezar diciendo que yo voté a favor de la coalición: Yo también veía las elecciones del 26-J como una segunda vuelta donde lo que se votaba era la formación de gobierno. Si en diciembre habíamos sido capaces de negociar para formar juntos un gobierno, parecía lógico que tratásemos de maximizar los votos para tener juntos el mayor número posible de diputados. El planteamiento era irreprochable, y yo lo suscribí.

A partir de ahí, vino la infestación. Todo el mundo conoce el amor de IU por los símbolos. Se puede traicionar a la gente, pero nunca a los símbolos. Y enseguida, allí donde estaba presente la coalición, empezaron a proliferar los símbolos del viejo Partido Comunista. Porque los símbolos son muy importantes. Lo que se dice o las políticas que se quieren hacer, la democracia y todo eso, casi es lo de menos. pero los símbolos... La bandera roja con la hoz y el martillo en una esquina.. ¡Buah...! ¡Eso si que es importante!. ¡Eso lo primero, que no falte!

Desde todos los medios de comunicación se presentaba a Podemos como una amenaza. Amenaza para el sistema, amenaza para la estabilidad, amenaza para el PSOE. Y si, también amenaza para IU, cuya desaparición perseguían los de Podemos con inusitada maldad. Lo que yo vi durante la campaña electoral, no fue que Podemos estuviera absorviendo a IU. Fue todo lo contrario. Los mítines de la coalición, parecían mas de IU que de Podemos. En un vistazo general, hubo momentos en los que parecía que la bandera morada con los círculos, solo había sido una estratagema para tapar la bandera roja del PCE. Y que conste una cosa: a mi no me da ningún miedo la bandera roja del PCE, ni su historia, ni dada de todo eso. Pero no me ilusiona. No me ilusiona nada.

Hay en Podemos dos visiones sobre la coalición sobre IU, y las dos son defendidas por Pablo Iglesias. Está la visión previa al 20-D, cuando decíamos No a una sopa de siglas; cuando decíamos que un Frente de Izquierdas nunca ganaría las elecciones en este país. Cuando decíamos que un Frente de Izquierdas era justo lo que quería la derecha para derrotarnos.Y luego está la visión posterior al 26-J. Es justo la contraria, y defiende que la coalición debe ir mas allá de un acuerdo electoral. ¿Tal vez ser para siempre? ¿Tal vez para acabar todos en un nuevo partido, Unidos Podemos? La primera visión me gustaba. La segunda no.

A Podemos no le ha derrotado el miedo. Le ha derrotado la falta de ilusión. La ilusión de la gente es imprescindible para crear algo nuevo y diferente. Es necesaria para crear una Europa, y es necesaria para crear una opción política que quiera cambiar el sistema imperante y sus prioridades. Si falla la ilusión, falla el proyecto. 

Dicen que los viejos rebecos de IU boicotearon la coalición. Es evidente que Gaspar Llamazares no la apoyaba, manifestó su oposición explicitamente. Y otros, como Cayo Lara, dijeron que votarían a la coalición; con harto dolor de su corazón, pero que la votarían. ¿Que manera es esa de apoyar a una opción política? Es posible que todo eso explique una parte de la pérdida de votos de la coalición. Otra parte creo que puede venir por la pérdida de la ilusión en el votante de Podemos. ¿Zapatero el mejor presidente de la democracia? ¡Pero si nacimos de la indignación contra el gobierno de ZP!

Aclaro, antes de terminar, que estoy muy comprometido, y mi voto no faltó. Pero creo que la pérdida de ilusión en el proyecto está en la base de la pérdida de votos por parte de Podemos (otra cosa es la pérdida que vino por la parte de IU). 

La ilusión es la gasolina de Podemos. La ilusión creó un ejército donde no había nada. La ilusión atrajo a las filas de Podemos a gente de su izquierda y de su derecha. La ilusión cohesionó una opción política nueva, en un tiempo record. Sin ilusión, algunos se han vuelto a la abstención. Y sin ilusión, es posible que algunos otros terminemos volviendo a ella en el futuro.

Si alguien, en la dirección de Podemos, aunque se sienta muy capaz de liderar una opción política de izquierdas, no se siente capaz de volver a generar la ilusión que dió origen a todo esto, debería honestamente reconocerlo y pasarle el testigo a  otros. Porque nosotros queremos ganar. Solo estamos aquí para ganar. Con los símbolos nos limpiamos el trasero, si hace falta, No nos gusta la gente que tapa con sus símbolos nuestras ansias de cambiar el sistema y sus prioridades. ¿Está claro?

Elecciones 26-J (I)

Siempre y en toda circunstancia, la democracia nos obliga a asumir y cumplir la voluntad expresada por los ciudadanos de un país. Y una de las primeras conclusiones a extraer de las pasadas elecciones (y que el Parlamento que se constituya en julio debería de poner inmediatamente en marcha) es la legalización de la corrupción. O por lo menos su despenalización.
Por poner un ejemplo: en Madrid, décadas de gobierno municipal del Partido Popular dejaron a la ciudad endeudada por encima de sus posibilidades. Poco a poco, vamos sabiendo que muchas de esas facturas estaban engordadas “artificialmente”. Y que muchos contratos eran “extremadamente generosos” con las empresas privadas con las que se firmaban. Sabemos que se malvendían pisos de protección oficial (con inquilinos dentro) a fondos buitre que en poco tiempo rentabilizaron su inversión en mas de 100 millones de euros. Etcetera. A pesar de que, como todo el mundo sabe, los de Podemos son malísimos gestores, unos perro flautas que no saben hacer la O con un canuto, en un año han dado la vuelta a las cuentas municipales, han bajado el IBI, subido las partidas sociales y bajado la deuda en mas de MIL millones de euros. Todo ello nos sirve para darnos cuenta del enorme coste que tiene para todos la corrupción. Pues bien, sabiendo todo esto, los ciudadanos han aumentado su apoyo al Partido Popular, lo que solo puede interpretarse como un apoyo firme, decidido y consciente a su forma de gobierno. En cumplimiento de esta voluntad democrática expresada en las urnas, tramas como las de la Gurtel y la Púnica, deberían ser inmediatamente legalizadas o despenalizadas, y todos los procesos judiciales abiertos inmediatamente sobreseidos. Esto es lo que han votado los españoles y el próximo parlamente debería acatar su decisión.
En Galicia, hay políticos del Partido Popular encausados por HOMICIDIO, al no haber facilitado que medicamentos contra la Hepatitis llegaran a personas afectadas, con consecuencias mortales para alguno de estos enfermos. A pesar de esto, los ciudadanos han aumentado su apoyo al Partido Popular, lo que supone que una mayoría de españoles prefieren que el dinero de la sanidad pública acabe en manos de tramas corruptas, antes que dedicarlo a curar a sus compatriotas.
En muchos lugares de nuestro pais, los niños deben acudir a estudiar en barracones prefabricados, en unas condiciones que hace unos años esperaríamos ver en paises así como Venezuela y otros lugares del inframundo, pero que se están convirtiendo en circunstancias cada vez mas habituales entre nosotros, mientras que una parte de los presupuestos de educación se dedican a engordar contratos con empresas  constructoras.
Podríamos poner mas ejemplos, seguro que cada cual tiene varios a mano.
Por todo esto, y en virtud del mandato democrático de los españoles, desde aquí propongo de que el próximo parlamento proceda, entre sus primeras medias, a:
1-        Despenalizar la corrupción y proceder al sobreseimiento inmediato de todas las causas judiciales abiertas en los procesos de tramas como la Gurtel, la Púnica y otras. Ya está bien de criminalizar actitudes que los españoles, no solo no desaprueban, sino que apoyan explicitamente con sus votos.
2-        Aprobar que una parte de los presupuestos de sanidad, educación, infraestructuras, etc… se dedique al engorde injustificado de contratos, pago de mordidas y otros métodos de soborno y corrupción, en un importe que no debería ser en ningún caso inferior al 30% (podrá ser superior pero en ningún caso inferior a este porcentaje).
3-      Como está probado que a mucha gente no le importa "llevárselo", pero le gusta guardar las apariencias y estar bien considerado, el nuevo parlamento debe promover que todas las actitudes y comportamientos relacionados con la corrupción política, sean considerados decentes a todos los efectos. Ya está bien de señalarles con el dedo.
Cierto que algunas de estas medidas obligarían a reducir plantillas de médicos, profesores y otros profesionales. Pero es lo que han votado los españoles y es justo que un parlamento democrático lo ponga inmediatamente en marcha. Se trata de hacer normal, lo que a nivel de calle es simplemente normal.